Hay frases que parecen pequeñas, pero se quedan dando vueltas dentro de la cabeza.
El pez no vive siempre en agua clara.Muchas veces son las algas las que cubren el camino.
Y quizá ahí está una de las grandes verdades de la vida adulta.
Cuando somos niños, creemos que crecer significa entenderlo todo. Pensamos que de mayores tendremos las respuestas, que sabremos qué camino tomar, que el trabajo, la familia, el dinero, la salud y las decisiones importantes estarán más o menos ordenadas.
Pero luego llega la vida real.
Y descubrimos que el agua no siempre está limpia.
A veces hay dudas.
A veces hay miedo.
A veces hay cansancio.
A veces hay problemas que nadie ve desde fuera.
A veces seguimos nadando sin saber muy bien hacia dónde.
Las algas representan todo eso que nos tapa la claridad: las preocupaciones, las responsabilidades, las heridas antiguas, las cargas familiares, los errores, las pérdidas, las obligaciones y esas batallas silenciosas que cada persona lleva por dentro.
Pero el pez no se queda quieto esperando que el agua sea perfecta.
Sigue moviéndose.
Y esa es la enseñanza.
Muchas veces esperamos a estar tranquilos para empezar. Esperamos a tenerlo todo claro para tomar una decisión. Esperamos a sentirnos fuertes para cambiar. Esperamos a que desaparezca el miedo para avanzar.
Pero la vida no funciona así.
La madurez no consiste en vivir siempre en aguas claras. Consiste en aprender a moverse también cuando el agua está turbia.
Porque crecer no es tenerlo todo resuelto.
Crecer es seguir nadando aunque haya algas.
Es aprender a respirar dentro de la dificultad.
Es no rendirse porque el camino no se vea completo.
Es entender que muchas veces la claridad no aparece antes de avanzar, sino después de haber dado varios pasos.
Todos tenemos nuestras algas.
Unos las llaman ansiedad.
Otros las llaman deudas.
Otros las llaman soledad.
Otros las llaman recuerdos.
Otros las llaman trabajo, familia, miedo, culpa o cansancio.
Pero el nombre no cambia lo importante: no podemos permitir que lo que nos cubre nos impida movernos.
El pez no necesita ver todo el río para seguir vivo.
Solo necesita seguir nadando.
Y nosotros, muchas veces, tampoco necesitamos tener todas las respuestas. Necesitamos calma, paciencia y la valentía suficiente para dar el siguiente paso, aunque el fondo no se vea claro.
Porque la vida adulta no siempre te ofrece aguas limpias.
A veces te entrega corrientes difíciles, algas espesas y caminos confusos.
Pero incluso ahí, entre la sombra y la incertidumbre, también se puede vivir.
También se puede aprender.
También se puede avanzar.
No esperes a que el agua esté clara para moverte.A veces, la claridad aparece cuando decides seguir nadando.

