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Tu mente crea tu destino… y los cabrones que te rodean

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Hay libros que nacen de una idea y otros que nacen después de darte unas cuantas hostias contra la realidad. Este pertenece al segundo grupo. Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros pensamientos crean nuestra realidad, que debemos pensar en positivo, confiar en nosotros mismos y convertirnos en nuestra mejor versión. Y sí, hay una parte de verdad en todo eso. Tu mente influye en la persona que eres y en el camino que terminas recorriendo. Pero hay algo que casi nunca se cuenta: no vives solo . Puedes trabajar tu mente, cambiar tus hábitos, levantarte después de caer y decidir que quieres construir una vida diferente. Pero a tu alrededor hay familia, amigos, compañeros de trabajo, jefes, instituciones y personas que también influyen en lo que piensas, en lo que haces y en quién crees que debes ser. Y algunos no llevan precisamente buenas intenciones. De ahí nace Tu mente crea tu destino… y los cabrones que te rodean . Es un libro sobre pensamiento, carácter, relaci...

Pascalino y la Tienda del Corazón: Donde la Humanidad No Se Mide en Metros

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Pascalino era el alma del barrio. No tenía un trabajo “moderno”, ni falta que le hacía: tenía su pequeña tienda de barrio, estrecha, de esas donde caben más historias que productos. ​El local era tan pequeño que, si entraban dos clientes a la vez, había que hacer coreografía para poder moverse. Pero Pascalino tenía su técnica: se metía de lado, esquivaba cajas, levantaba la cortina de plástico con el codo y siempre decía: ​ —¡Cuidado, que como respire fuerte, se me caen los pantalones y no cabemos todos aquí! ​La gente se partía de risa. ​En aquellas cuatro paredes había de todo: tomates de huerto, patatas con tierra todavía pegada, plátanos que nunca sabías si estaban verdes o maduros… y, sobre todo, buen humor, del que no caduca y no se pesa en la báscula. ​Un Punto de Encuentro para Todos ​Las señoras mayores entraban a comprar “un poquito de esto y otro poquito de aquello”, pero se quedaban por el cariño. Los chavales del instituto entraban por una botella de a...