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Pan, Plátanos y una Lección del Alma

☀️ El Hombre del Mediodía

Era mediodía.

El sol caía a plomo sobre la calle y dentro de la tienda el aire se podía cortar.

Ya casi iba a cerrar. La mañana había sido larga, y solo pensaba en sentarme a comer tranquilo.

Entonces entró un hombre.

Ropa gastada, la barba crecida, los zapatos viejos.

Parecía un vagabundo, pero algo en su mirada me detuvo.

Tenía los ojos claros, serenos, y hablaba con un ligero acento inglés.

—Good afternoon… ¿tiene algo de pan? —me dijo con una sonrisa amable.

No traía dinero.

Y sin pensarlo demasiado, algo dentro de mí —una especie de impulso cálido, como una voz interior— me llevó a actuar.

Cogí una barra de pan y unos plátanos que tenía a un lado y se los di.

—Toma —le dije—, para el camino.

Él los recibió con calma, como quien acepta un regalo que ya esperaba.

Me miró fijo, sin prisa, y dijo:

—Gracias. Yo antes fui muy rico… ahora viajo por el mundo despertando conciencias.

No supe qué responder.

Había en su voz una mezcla de paz y certeza que me dejó inmóvil.

Nos quedamos unos segundos en silencio.

Luego asintió, sonrió con dulzura y salió caminando bajo el sol del mediodía, despacio, sin mirar atrás.

Me quedé en la puerta, observándolo mientras se alejaba.

Y sentí algo extraño, como si la tienda se hubiera llenado de una luz distinta.

No era solo emoción… era comprensión.

Como si aquel hombre no hubiera pasado por casualidad.

Esa tarde comprendí que no todos los maestros llegan vestidos de sabios.

Algunos vienen con los zapatos rotos y la mirada limpia,

para recordarte que dar, sin esperar nada, es una forma de despertar también tu propia conciencia.

Hay encuentros que no se buscan, pero te cambian el alma.

Y hay regalos que no se compran: se entregan con el corazón abierto.

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