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LA EMOCIÓN: EL CEMENTO QUE FRAGUA

LA EMOCIÓN: EL CEMENTO QUE FRAGUA

Si el pensamiento es el arquitecto, la emoción es el material de construcción. Creemos que somos seres racionales que a veces piensan, pero en realidad somos seres emocionales que a veces pensamos.

Esto lo entendí un día cualquiera colocando losas. No era una gran obra, sino un pasillo sencillo, de esos trabajos que se hacen casi de memoria cuando ya llevas años trabajando con las manos. Las herramientas eran las de siempre y las losas también; no había nada especial, salvo yo.

Llegué con la cabeza en otro sitio, no sabría decir dónde exactamente, pero allí no estaba. Había ruido por dentro: preocupaciones, pensamientos que iban y venían, y una prisa absurda por terminar cuanto antes. Ese estado en el que el cuerpo está presente pero la mente va arrastrando el peso. Empecé a trabajar sin detenerme a pensar…

…y ahí fue donde la mezcla me enseñó la lección. Mis manos sabían lo que hacían, pero mi energía estaba viciada. Coloqué tres o cuatro metros de suelo a toda velocidad, empujado por esa prisa interna. Cuando por fin me detuve a tomar aire y miré hacia atrás para revisar el trabajo, me di cuenta: las juntas no estaban alineadas del todo, una losa había quedado un poco más hundida que la otra. No era un desastre, pero no tenía la armonía de siempre.

El cemento, fiel a su naturaleza, estaba empezando a fraguar. Se estaba endureciendo, atrapando para siempre mi ansiedad en ese suelo.

Fue entonces cuando comprendí que la emoción es lo que pega los ladrillos de nuestra vida. Podía tener el mejor plan (el pensamiento), las mejores herramientas y la mejor técnica, pero si mi ‘material de agarre’ (mi emoción) era de mala calidad —hecho de prisa, miedo o ruido mental—, la obra final quedaría débil o torcida.

Ese día me tocó levantar las losas antes de que secaran del todo, respirar hondo, limpiar la mente y volver a mezclar. Porque al igual que en la obra, en la vida no basta con hacer; hay que sentir lo que se hace para que, cuando el tiempo fragüe, lo que quede sea firme.

He aprendido que antes de poner la primera piedra de cualquier proyecto —ya sea un trabajo, una conversación o una relación— debo revisar mi mezcla. No importa lo brillante que sea mi pensamiento; si mi emoción es tóxica, la estructura acabará agrietándose.

Moraleja: No construyas nada si el cemento está sucio. Para, limpia la herramienta, respira y busca la calma. Porque lo que se construye con amor, aguanta cualquier tormenta; lo que se construye con prisa y rabia, se cae solo.

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